Los valores están presentes desde los inicios de la humanidad y para el hombre, la verdad, la bondad y la belleza de las cosas, son concebidos hoy de forma distinta, después de cambios ocurridos a lo largo de la historia, tras el significado social que marca distancia entre la sociedad tradicional y la actual, esta última más liberal y moderna.
Depende mucho de la época para conocer a algunos de los personajes que hicieron historia y sobre todo que concibieron no a la felicidad como tal, sino a las bendiciones otorgadas a ellos, con divinidad y con un legado, sembrar en campos fértiles que luego se convertirían en frutos de amor. No cabe duda que un ejemplo de ello, es la Madre Teresa de Calcuta, “La monja de los callejones”, defensora de la vida y de la paz, quien a pesar de luchar con costumbres culturales y religiosas, grandes disturbios sociales y políticos, entregó a los olvidados, una vida y una muerte digna. “Por profesión pertenezco al mundo entero. Por corazón pertenezco por completo al corazón de Jesús” (TERESA DE CALCUTA). Karol Józef Wojtyla, conocido como Juan Pablo II, desde su elección al papado en octubre de 1978, con más de un millón de kilómetros de recorrido, llevó paz y amor a los pueblos del mundo.
Con grandes ejemplos de verdad, que hasta hoy se mantienen firmes, se vive una exigencia social de ética, que no delimita principios intrínsecos en favor del afianzamiento a la práctica del respeto, de la pluralidad cultural que se manifiesta por la diversidad del lenguaje, de las creencias religiosas, del arte, de la música y otros atributos de la sociedad humana, esto, no sólo en la formación de la juventud sino también en la labor de los educadores, como propósito esencial.
Hablando de ética y moral
El poeta norteamericano William Ayers, en su libro Educando para la libertad: compromiso moral y acción ética en el salón de clase., dice que: “la educación es siempre a favor de algo y en contra de algo” (pag. 11).
Pues los docentes sabemos de manera innata, natural e inherente, la diferencia entre lo bueno y lo malo, la verdad y la falsedad, lo correcto y lo incorrecto, al cumplir con una serie de deberes y obligaciones, a la vez que poseemos un conjunto de derechos y privilegios, lo que significa en ocasiones una mala interpretación y se termina de víctimas de agresiones en vez de ser quienes las cometemos. Por ello la educación no solo es tema de sabiduría sino de ética y valores. La ética construida con la íntima complicidad del alma, que determina el modo o forma de vida. En el sentido profundo de su significado la ética valora la libertad a pesar de que en otras épocas la esclavitud haya sido socialmente aceptada; valora la vida, a pesar de que algunas sociedades toleran la pena de muerte; valora la paz, a pesar de que algunas culturas aceptan el terrorismo en nombre de sus creencias religiosas.
“La educación no puede ser una multitud de afirmaciones que se entremezclan en nuestra cabeza. No es una especie de rompecabezas de mil piezas sin armar. Sin embargo, ésa sería la consecuencia si dejamos que cuanta cosa se dice en el mundo fuera aceptada por nosotros sin discriminarla”. (Jorge Mario Cabrera-Valverde: El quehacer educativo: una visión ética, Revista Acta Académica, Universidad Autónoma de Centro América, 1997).
Si comparamos la educación con un rompecabezas sin armar, las piezas serían los estudiantes, confundidos, ignorados, olvidados, en espera que los posicionen de un espacio en el que si les permiten, con inteligencia y voluntad podrán perfeccionar sus virtudes con las cuales puedan alcanzar su proyecto de vida. “Sabemos que el fin del ser humano es la felicidad” (Aristóteles), una felicidad que nos lleve a encontrar la verdad y no la mentira, que con visión ética como la de los grandes maestros, Jesús, San Pablo, Mahatma Gandhi, entre otros, podamos hablar de maestros responsables de sus acciones y de sus consecuencias en la educación, delante de Dios y delante de los hombres.
Nuestra capacidad de recepción es inmensa, más si recordamos que desde la niñez somos seres en constante aprendizaje y la memoria más frágil en el sentido de captar todo cuanto pasa por nuestros sentidos. De ahí el discriminar lo que no nos es útil o necesario, que a pesar de vérselo en una bonita envoltura, con aroma a flores frescas, agregado el gran tamaño de la sorpresa que lleva dentro, pues se convierte en un deseable bocado para ser devorado sin precaución alguna, más si nos lo ofrece quién para nosotros es una figura moral y fuente de conocimientos, el maestro.
De valores
“Y una buena forma de determinar el ”valor’ es usar una metafórica “balanza”. Pues si entendemos nuestra decisión libre como la elección de una opción entre varias, debemos suponer que la acción que escogemos es aquella a la que le otorgamos más valor”. (Luis Miguel Romero, José Barbosa Corbacho, Ética para todos: Introducción a la Ética, 2004). El jerarquizar los valores se lo ha hecho desde siempre. Para el ser humano han existido permanentemente cosas valiosas como la confianza, la amistad, la paz, el perdón, pero es la presencia de criterio o su ausencia, que hace que el orden de importancia cambie de acuerdo a la búsqueda de los intereses del hombre.
Como protagonistas de nuestra propia vida, no vemos en ocasiones generando un sinnúmero de actitudes a veces inexplicables, pues todo tiene su razón de ser, si de valores hablamos, también lo podemos hacer de antivalores y más aún si nos referimos a la llamada crisis de valores, como consecuencia de la evolución o estancamiento de una sociedad, más no de la conducta de quienes forman las nuevas generaciones, que aunque desorientadas, fijan su interés en nuevas realidades, que no son precisamente las que vivieron sus padres o parte del sistema educativo.
“En Brasil, 83% de la población vive en ciudades menores o mayores porque desaparecen paulatinamente las condiciones para vivir en y el campo, el pluralismo cultural da como resultado una fragmentación del conocimiento en sectores específicos y autónomos, la referencia de la persona en función de la familia cede su lugar a la subjetividad y en buena medida a la libertad sin límites, incluida la opción sexual” (S.E. Mons. Aldo Di Cillio Pagotto: El Compendio y las Perspectivas Pastorales en América). Al respecto, Brasil es un país económicamente potente, en donde el desarrollo tecnológico en la llamada sociedad de la información, ha traído para unos pocos, estabilidad, inversión dentro y fuera del país, aumento de capitales, etc., pero para otros solo ha provocado el paso de la pobreza controlable a la pobreza extrema, con una mala distribución de la riqueza y aumento de la corrupción política y social, que impide la valorización de esfuerzos individuales a la luz de la verdad y sin principios éticos que los guíen.
En el Ecuador, según datos del Banco Mundial, la taza de analfabetismo es inferior al promedio latinoamericano y al de la región andina, pues denota un crecimiento la educación como tal y sobre todo en este resultado se refleja el interés o valor afectivo de llegar a la humanidad, llevando esperanza de mejores días, a través de la educación.
La educación en valores, éticos y morales, como enseñanza dentro de la estructura curricular, no debe quedarse en el mero papel, sino convertirla en realidad, por ejemplo: lo que viven las familias, con el amor a sus hijos, la de los colegios, con la información pertinente y las universidades, entregando profesionales de calidad a la sociedad. Entonces lo que el maestro sabe no es coincidencia, es experiencia ganada con los años, y ésta, trasmitida a sus educandos; debe ofrecer respuestas que los defiendan éticamente, con capacidad crítica, libertad, racionalidad, esperanza para perfeccionar su humanidad.
Desde un enfoque Cristiano, la escala de valores abre el camino hacia la santidad, nuestra naturaleza humana nos exige crecer solidarios, con la “participación directa en la transmisión y vivencia de valores a lo largo del proceso educativo”, como docentes o estudiantes, protagonistas de nuestra propia historia, con un gran final, soñar horizontes.
Algunas reflexiones:
Que los docentes no inventemos el “agua tibia”, casi todo está escrito.
Que los docentes interesemos a nuestros estudiantes en los contenidos académicos e invitemos a la reflexión.
Que lo docentes trabajemos sobre nuestras propias vivencias y no únicamente en lo teoría.
Que ante todo, los docentes seamos ejemplo de humildad, como Sócrates, “solo sé que nada sé”.
REFERENCIAS
AMPUERO, Ana María y otros (2004): Ética para todos: Construir una sociedad mejor desde el ejercicio profesional. Editorial Ecuador, Quito, Ecuador.
SAVATER, Fernando (2000): Ética para Amador. Editorial Ariel, Barcelona, España.
CABRERA-VALVERDE, J. (1997): El quehacer educativo: una visión ética, Revista Acta Académica, Universidad Autónoma de Centro América.
HYPERLINK “http://www.unesco.org/iiep/spa/newsletter/2004/jans04.pdf#search=’LOS%20DOCENTES%20EN%20LAS%20AULAS%20SIN%20ÉTICA” http://www.unesco.org/iiep/spa/newsletter/2004/jans04.pdf#search=’LOS%20DOCENTES%20EN%20LAS%20AULAS%20SIN%20ÉTICA’